“La represión no resuelve nada”

Entrevista con Amadeu Recasens i Brunet, experto en seguridad (Página 12 del 11.11.08)
“La represión no resuelve nada”
El ex director de la Escuela de Policía de Catalunya asegura que las políticas de mano dura “no solucionan el problema” del delito. Dice que los medios construyen miedos como “herramientas de sumisión” y advierte que la crisis global generará mayor sensación de inseguridad.
Por Irina Hauser
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“La respuesta represiva no ataca el problema de fondo, que suele ser social, económico”, dice Recasens.

Amadeu Recasens i Brunet es un científico social catalán experto en temas de seguridad. Vino al país para mantener reuniones en las secretarías de Seguridad Interior y de Política Criminal y aterrizó justo en medio de la polémica desatada a partir del crimen del ingeniero Barrenechea. Se encontró con el gobernador Daniel Scioli pidiendo bajar la edad de imputabilidad y hasta oyó a la Presidenta clamar por más cárcel para los delincuentes. Frente a eso, sostiene que “las respuestas represivas crean una apariencia momentánea pero no solucionan el problema”, sino que propician que “se siga reproduciendo”. Y advierte: “Quienes tienen la responsabilidad de generar políticas públicas no pueden responder así”. Los medios de comunicación, dice, colaboran con “la construcción del miedo”, una poderosa “herramienta de sumisión”. Sus pronósticos no son alentadores. Con la crisis global, anticipa, van a aumentar la criminalidad y la percepción de inseguridad.

–Cada vez que reaparece el debate sobre la inseguridad, la respuesta es represiva. ¿Sirve?

–Es una respuesta, no una solución. ¿Alguien ha hecho un análisis de políticas públicas sobre cuál es el problema? Se actúa de manera inmediata y reactiva frente a algo que tal vez no se conoce. Como cuando uno le da una aspirina a un enfermo que tiene fiebre. Trata el síntoma, pero no la enfermedad. Históricamente hubo en todas partes políticas de mano dura. ¿Han solucionado algo? No. La respuesta represiva puede crear cierta apariencia momentánea, pero como no ataca el problema de fondo, que suele ser social, económico, una construcción de miedos, no resuelve nada. Quienes tienen la responsabilidad de diseñar políticas públicas no pueden responder así. Las políticas se deben basar en criterios, no en reacciones espontáneas cuando hay más robos o una manifestación.

–¿Las medidas duras agravan la situación?

–Claro. Cuando el problema resurge, la respuesta es más represión. Aunque detengas a más personas, se va a seguir reproduciendo.

–Aquí, en los últimos años, el delito baja (según las estadísticas), pero la sensación de inseguridad aumenta.

–Puede pasar que baje la criminalidad en términos absolutos, pero suben tipos de criminalidad que causan más alarma social, como los que confrontan a la víctima con el agresor. Es más grave desde el punto de vista de la percepción que te tiren del bolso y salgan corriendo que te roben en tu ausencia. Y puede pasar que bajen todos los delitos, pero la gente tenga la percepción de que suben.

–¿Cómo se explica eso?

–Hay gran responsabilidad de los medios, cuando tienen la política de exacerbar el miedo. Otra posibilidad es que la gente transfiera a temas de seguridad miedos generales. Cuando hay una crisis económica, la gente tiene más miedo: a perder el empleo, a no llegar a fin de mes, y todo eso se va transfiriendo a algo que puede identificar, que es la seguridad. Es un círculo vicioso: cuanta más percepción se genera de que hay inseguridad, más atención le ponen los medios y más repercute en la opinión pública.

–¿Qué intereses están en juego?

–Es un clásico de la derecha. Se vio con las últimas políticas sobre terrorismo, aunque ya desde la época de Thatcher y Reagan primaron las políticas de ley y orden. No importan las causas, sino los resultados. El discurso es: vamos a atacar los hechos, que es lo que la gente quiere. Las políticas progresistas tienden a mirar las causas.

–¿Conoce experiencias exitosas basadas en analizar las causas?

–Cuando Nueva York aplicaba tolerancia cero, California usaba políticas para prevenir en lugar de reprimir. En ambos casos bajó el delito, pero está probado que con las respuestas represivas el problema vuelve. También ha habido políticas preventivas en Inglaterra, Francia, España. Tampoco son la panacea. A veces generan fracasos importantes. Para evitar el hecho hay que contar con información y con la complicidad de los ciudadanos.

–¿Qué conclusiones sacó de su experiencia en España?

–Generar una relación de confianza y cooperación entre las instituciones y los ciudadanos mejora automáticamente la seguridad. Consigues saber dónde hay lugares conflictivos y el miedo va desapareciendo.

–¿Qué se hace en un país donde la policía históricamente participa del delito, las cárceles enseñan a delinquir y las fuerzas de seguridad tienen una amplia trayectoria en violar derechos humanos?

–El mando político es el que debe decidir qué es lo que la policía debe hacer y no dejar que lo defina la propia corporación. Pero antes hay que establecer políticas públicas sobre seguridad y modificar la formación profesional de la policía.

–¿En Argentina están contemplados esos aspectos?

–Falta bastante profesionalismo. Esto quiere decir formación, sueldos razonables. Si a un policía no le pagas un salario digno, este señor se va a conseguir los medios de vida de otro modo. Si no le das formación, va a aprender de manera silvestre. Luego, el corporativismo de la policía es como el colesterol, puede ser bueno o malo. Puede servir para generar valores y rechazar la corrupción y la tortura, o lo contrario.

–¿Qué utilidad pueden tener las purgas policiales?

–Sólo logran mandar a la calle a miles de tipos que saben disparar.

–Habrá escuchado los últimos discursos de funcionarios que responsabilizan del delito a los jueces por excarcelar “demasiado”.

–Me parece un debate infantil. Como los debates más tontos de pareja, donde se culpa al otro. El sistema de justicia criminal necesita que funcionen bien la Justicia, la policía y la cárcel como un todo. Si uno de los tres falla, el mecanismo no funciona. Imagínese que tenemos la policía más garantista, que el detenido tiene un juez impecable, pero termina en una prisión degradante. De nada habrá servido todo lo demás.

–Aquí los menores de 16 años pueden ser privados de su libertad y hay menores de 18 condenados a perpetua, pese a que según la Convención sobre Derechos del Niño no se los debería juzgar como adultos. ¿Es legal bajar aún más la edad de imputabilidad?

–Bajar la edad depende de una ley, que debería respetar las convenciones sobre el niño. Pero, ¿ésa es la respuesta? Al ingeniero lo mataron unos jóvenes, entonces hay que meter a los jóvenes en la cárcel. Según leí, aquí acaban de condenar a militares de la represión, pero como tienen ochenta y pico de años no van a prisión. ¿Y? El día que los ancianos jubilados se pongan a robar por las calles, ¿vamos a aumentar la edad de carcelación? El problema es por qué delinquen los menores. Qué intereses hay detrás, qué pasa con la escolarización, con las oportunidades de trabajo. Habría que preguntarse: ¿la legislación argentina tiene respuesta para estos temas? Si no tiene, todo lo demás es demagogia.

–La discusión legislativa es poca y el debate pasa por los medios, con un repertorio inspirado en la urgencia de casos emblemáticos.

–En los sistemas capitalistas la lógica de los medios es vender. Los medios tienen grupos detrás, financieros, políticos. Gobiernan a través del miedo. Se está imponiendo en Occidente un estilo en el que el miedo es una herramienta de sumisión de la ciudadanía.

–¿Le sorprendieron las definiciones del gobierno de Cristina Kirchner y del titular de la Corte alrededor de la inseguridad?

–Es esperable. Igual que es esperable que suba la criminalidad porque la crisis global va a afectar a la Argentina. Las crisis sociales generan un clima que lleva a aumentar la criminalidad. Y se va a incrementar la percepción de la inseguridad, porque los delitos que van a aumentar son los del chaval que va a pegar tirones aquí y allá. ¿Qué medidas vamos a tomar? Una, que no me gusta, es esperar que pase y meter más policías. Una falta de imaginación total. Otra es la prevención. A lo mejor hacen falta escuelas públicas u otra cosa. Si la respuesta es represiva, el problema es ¿dónde termina la escalada? El próximo paso, aunque suene brutal, es el ejército. Así se pierde la esencia de la democracia. Atacar las causas, aunque sea a largo plazo, es la opción más inteligente.

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2 comentarios en ““La represión no resuelve nada”

  1. Con respecto al artículo ” La represión no resuelve nada”, comparto la opinión, en estos últimos días nos hemos vistos “bombardeados”, a través de los medios y declaraciones de funcionarios del gobierno, sobre bajar la edad de los menores y más mano dura; ya quienes disienten los sacan de la función, como paso recientemente en la provincia de Buenos Aires.
    Como lo he expresado en otras oportunidad,creo que el gobierno debe ocuparse de realizar más políticas públicas, para que no haya hambre, desocupación ( que ha aumentado) chicos en la calle, y condiciones de dignidad para los más vulnerables, y no seguir culpando al sistema judicial de lo que pasa en nuestro país.
    Creo que entre todos podemos aportar desde nuestro lugar, para poder mejorar esta situación, pero el responsable principal es el Poder Político. Ester Daye 5769432

  2. Para resolver el problema del “delito”, primero hay que determinar a que se llama “delito”.

    Si bien es bueno que la humanidad y la doctrina jurídica a tantos años de supuesta evolución siga discutiendo sobre como mejorar los sistemas penales, aunque parezca contradictorio la mejora se obtiene a partir de una mirada retrospectiva.

    El hombre se caracteriza por su capacidad racional, su inventiva, y su talento por destruir aquello que es bueno, con el fin de satisfacer sus apetitos de dominio, imponiéndose sobre los demás.

    Así fue que a partir del concepto de “Derecho” estableció Ordenamientos Jurídicos a los cuales llamó “Derecho”; siendo esos ordenamientos jurídicos simples conjunto de prescripciones empleados para regular conductas bajo amenaza de sanción.

    Santo Tomás de Aquino expresó en su momento: “la ley que no es justa, no es una verdadera ley”…es una simple imposición normativa.

    Si a un conjunto de simples disposiciones normativas lo llamamos Derecho, y retiramos el concepto de justicia, lo único que logramos es mancillar el concepto de “Derecho”.

    El Derecho es un conjunto de criterios, fuerzas, o acciones coherentemente relacionados/as con el fin de procurar el imperio de la justicia, sin la cual es imposible que el desarrollo social o de las existencias trascurra de manera ordenada y armoniosa.

    Sin duda alguna, ni las leyes, ni las penas, ni las medidas coactivas, pueden lograr que el hombre sea un ser mejor o pero de lo que esencialmente es.

    Ya lo dijo San Agustín: “el hombre solo será realmente bueno por la virtud”.

    Aristóteles al hablar de la virtud, señala que ella se genera através de las prácticas acostumbradas que se ejecutan dominando los impulsos irracionales con el fin de evitar conflictos en las interrelaciones personales, generando como resultado una tendencia natural a la justicia.

    Cuando Santo Tomás de Aquino exclama: “el temor a la ley hace bueno a lo hombres”, está diciendo… el hombre al evitar la consecuencias negativas de sus actos, por respeto a la ley (leyes justas) o por temor a sufrir las sanciones legales, aunque esencialmente no sea bueno por responder a la virtud, actuara como si lo fuera.

    Si se sigue su razonamiento, obviamente veremos que aunque las leyes sean injustas, el hombre que las observa, evitando las consecuencias adversas por su incumplimiento, será bueno ante los ojos de aquel que establece esa ley…si ese hombre es justo por efecto de la virtud, no deja de serlo por responder a esas leyes, aunque por su imperio ejecute conductas no justas, mas allá de ser ellas contrarias a las que haría siguiendo el dictado de su corazón y pensamiento virtuoso, pues se imponen las condiciones materiales de existencia; motivo por el cual deberá esperar la oportunidad de proceder conforme la justicia, ya sea durante ese sistema o luego de su finalización.

    Al escribir estos autores, lo hacen entendiendo la diferencia entre “Derecho” y Ordenamiento jurídico, pues este conflicto existe desde antes del enfrentamiento entre que los Cosmológicos, los Estoicos, los Socráticos con los Sufistas, los Maquiavélicos, los Utilitaristas puros.

    Para estos alineados en el pensamiento Sufista, la ley es solo lo que le conviene al más fuerte…

    ¿Pero esto es así porque sea la verdad?….o porque los Sofistas escribían conforme la conveniencia política y económica!

    Si nos remontamos a la historia veremos que el móvil de estos era justamente económico y político, por lo cual deformaban los conceptos, según convenía.

    Estas sendas son los dos caminos que la humanidad transita desde la antigüedad lejana. Unos procurando la sabiduría y la virtud, otros procurando imponerse ante los demás, brindando satisfacción a sus propios apetitos.

    Estas dos sendas refieren a la diferencia entre los dos fenómenos en permanente disputa.

    ¿Por ello se puede decir que estos fenómenos se gestaron al mismo momento?, de ninguna manera…el Derecho es el concepto…los Ordenamientos Jurídicos conjuntos de criterios que refieren o no al Derecho.

    No se puede definir con exactitud que es el Delito, sin tener claro cual es el marco de las normas que refieren a esas conductas criminalizadas.

    Si se les puede dar una definición técnica jurídica…la cual es conocida por todos los que estudian las leyes, estudian Derecho o los Ordenamientos jurídicos llamados Derecho.

    Es cierto lo señalado por el ex director de la Escuela de Policía de Catalunya, pues el problema del Delito no se resuelve con mano dura, el problema se resuelve empezando por determinar si se desea vivir conforme un simple Ordenamiento Jurídico y las implicancias del mismo, o si se desea vivir conforme el concepto de Derecho y sus implicancias.

    La mano dura es una acción que corresponde a los ordenamientos jurídicos, por la cual se procura resolver el fenómeno del Delito.

    Al hablar de Derecho, solo se puede hablar de firmeza…o bien “mano firme”.

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