Doctrinas sobre la Pena

El martes próximo vamos a comenzar a desarrollar con mayor profundidad las distintas doctrinas de justificación de la pena, es decir aquéllas que encuentran una razón válida para la imposición de la pena estatal.
Además, vamos a estudiar la discusión alrededor de las funciones del castigo estatal sostenida en la década del noventa entre los Profesores Carlos Nino y Eugenio Zaffaroni. Ese debate, originalmente publicado en la revista “No Hay Derecho”, fue hace unos años resumido en una fichas del INECIP, que todos debe leer.
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Pueden acceder a dicho material o leer el contenido de la discusión en el excelente blog de Alberto Bovino, Profesor de Derecho Penal y Procesal Penal de la UBA
Los alumnos Ana Laura Di Mauro y María Arroyo van a presentar la posición de Nino. Lucía Ivorra y Magalí Aren van a exponer las respuestas de Zaffaroni.
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Para el martes 2 de septiembre, Pablo Bigorito y Luciano Scagliarini van a preparar un análisis de la película alemana “El Experimento” (“Das Experiment”, Alemania, 2000). Dirección: Oliver Hirschbiegel. Con Moritz Bleibtreu, Maren Eggert, Justus Von Dohnanyi, Edgar Selge. Guión: Mario Giordano, Christoph DanstŠdt y Don Bohlinger, sobre la novela “Caja negra”, de Mario Giordano.

El film es una versión libre del experimento de psicología social llevado a cabo en California en 1971. Un paper sobre la experiencia real de la Stanford Prison se puede leer aquí.

El 9 de septiembre,analizaremos la lectura obligatoria para su discusión en clase: “El caso de los exploradores de cavernas”. Melina Spithas, Laura Balado, Juan Pablo Marchesi, Leandro Vega y Marco Muñoz Rossi van a exponer los votos de los Ministros Truepenny, Foster, Tatting, Keen y Handy
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La cárcel mas extraña del mundo

La cárcel más extraña del mundo
(artículo enviado por el alumno Enrique Dechia)

Ocupa una céntrica manzana en La Paz, capital de Bolivia. En su interior los presos tienen que pagar para alquilar o comprar sus celdas. Muchos viven con sus familias, rodeados de niños. Sólo siete vigilantes controlan a los 1.700 reclusos. Es la rocambolesca situación a la que se ha llegado ante el desamparo y la falta de recursos del gobierno boliviano.
La cárcel de San Pedro comparte pocos rasgos con otros centros penitenciarios del mundo. Hospeda alrededor de 2.700 reclusos, que tienen que pagar el “derecho” de ingreso en la prisión y, además, costearse su vida en el penal. Compran o alquilan una celda, muchas veces compartida con su propia familia, puesto que niños y mujeres pueden acompañar al preso en su nueva condición existencial.
“¡Taxi, taxi!”, gritan aferrados a los barrotes tres hombres flacos a todo aquél que se acerca a la entrada de la prisión. Uno de ellos, con pocos dientes y escaso cabello, ofrece su ayuda preguntando amablemente a quién buscamos. Son los llamados “taxis”, cuya misión es localizar a un recluso por el laberíntico penal hasta conectarle con quien le visita. Por la carrera reciben su propina de un peso boliviano, la moneda local. Fin de trayecto.

Vista general de uno de los patios de uso común.
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