Mas sobre la visita de cárcel

Compartimos un texto que nos envió Nadia De Falco, alumna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Mar del Plata que concurrió a la visita de la Unidad Penal XV la semana pasada.

“El martes pasado fuimos a visitar la Unidad penal nº 15 de Batán. Luego de tantas teorías, discursos y estadísticas tuvimos la oportunidad de ver nosotros mismos que es lo que queda después del proceso, como afectan a la gente justamente todas las teorías, todos los textos…
Le pregunté a un guardia cuantos muertos hubo el año pasado en la unidad. Me respondió que había sido un buen año para la penitenciaría, ya que sólo habían tenido cuatro muertos, 3 homicidios y un suicidio…cuatro vidas humanas, perdidas, acabadas en ese predio que pretende actuar de contención para aquellos completamente relegados de la sociedad, de este mundo que cada día va mas rápido y al cual tan pocos pueden subir.
Talleres, pinturas, comunidades de ayuda, recreaciones… la parte que nos muestran, porque, lógicamente y como dice nuestra Constitución, la cárcel es un lugar de rehabilitación, donde aprendes a ser una persona de bien, donde te preparan para ser libre…desde detrás de varias rejas, desde condiciones deplorables, suciedad, falta de mantenimiento, espacio y seguridad…. mirando la vida pasar contando las gotas que caen del techo de la celda. ¿Lo peor? Que los que están ahí dentro saben que lo más probable es que vuelvan, saben que no les espera nada afuera, que no hay oportunidades, solo puertas cerradas y miradas desviadas.
Cuando salíamos, ya todos a paso apresurado por el corredor final desde las ventanas se veían el atardecer. Fue sarcástica la manera en que los bellos colores del cielo se vieron de a retazos enmarcados por fierros, muros y alambres de púa.
Al volver caminando a mí casa pensaba en las sensaciones que uno tiene estando sólo 2 horas dentro, no podemos evitar sentir que ese lugar absorbe las alegrías dejando sólo un amargo dolor de cabeza y un corazón oprimido.
Acá las casas tienen rejas, en puertas y ventanas, rejas para alejar a aquellos que estuvieron, están y estarán tras ellas, un círculo vicioso de aislamientos que agrandan la imaginaria frontera entre “ellos” y “nosotros”, impidiendo que nos veamos como una sociedad toda.
“Ellos” no viven a miles de kilómetros de distancia,”ellos” no son microbios en nuestro sistema, “ellos” siguen siendo personas…..aunque casi no vivan como tales”

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