“El miedo que dispara microfascismos”

LA ENSAYISTA SHILA VILKER Y UNA HISTORIA DE LA INSEGURIDAD

El miedo que dispara microfascismos
Licenciada en Ciencias de la Comunicación, docente e investigadora de los discursos docentes, Vilker le pone fecha de estreno a la sensación de “inseguridad”: 2004. No fue un año especialmente violento, pero fue el año del asesinato de Axel Blumberg y el de Cromañón. Las manipulaciones, las consecuencias políticas y el discurso de la represión.
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Si se escribiera una historia del miedo en la Argentina, el año 2004 se convertiría en un hito. La ensayista Shila Vilker dice que fue un período en que el delito estuvo en baja, pero ocurrieron dos hechos trágicos que cambiaron la historia de la sensación térmica de inseguridad: el joven Axel Blumberg fue secuestrado y asesinado, y su padre se convirtió en el vocero nacional del extendido sentimiento de inseguridad. El año cerró con la tragedia de Cromañón, en la que no hubo delincuentes armados, pero, a esa altura, la inseguridad se extendió como una metástasis hacia otras zonas de la vida social y económica. Siempre se cometieron delitos y crímenes, pero la inseguridad tiene una fecha de comienzo que Vilker, licenciada en Ciencias de la Comunicación, docente e investigadora, ubica hacia mediados de los años ’90. Desde ese momento, los crímenes ya no sólo conmovían sino que eran percibidos como un síntoma de que todos estamos en peligro. Shila Vilker, que publicó el libro Truculencia; la prensa policial popular entre el terrorismo de Estado y la inseguridad, es autora de una tesis de posgrado sobre la inseguridad.

–¿Cuál es el motivo de que últimamente haya aumentado tanto la sensación de inseguridad?

–Yo diría que 2007 fue el primer año en el que la inseguridad se evidenció como la gran preocupación de la época. A esta altura, el miedo y la preocupación por la inseguridad están enquistados. Por eso, son necesarias políticas específicas dirigidas a bajar el delito, pero también políticas dirigidas a dosificar el miedo… que es una cosa muy distinta. Estamos hablando de dos problemas autónomos: se puede llegar a tener una buena política de prevención del delito, pero, una vez que se ha disparado el temor, no hay política que valga si no se cuenta con una buena política comunicacional. Y la inseguridad tiene una historia. Son necesarias políticas específicas dirigidas a bajar el delito, pero también políticas dirigidas a dosificar el miedo… que es una cosa muy distinta.

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–¿Cuándo empieza a instalarse como preocupación colectiva ese tema?

–Es hacia 1995 cuando, muy tímidamente, empieza a aparecer el problema del aumento del delito, y cada tanto ya se hacía explícita la idea de seguridad. Pero todavía no aparecía la noción de inseguridad como tal. Recién en el ’96 se empieza a englobar todo el fenómeno con la inseguridad, y ya en el ’97 aparece como una cuestión sistemática. En un sentido, se va preparando el camino para la nueva percepción del fenómeno delictivo y la nueva economía de la violencia, interpretada como inseguridad.

–¿Y con qué se asocia la aparición, en 1995, de la inquietud por el aumento del delito?

–Yo seguí los temas de la campaña electoral de entonces y, en realidad, en el ’95, el problema del aumento del delito, que empezaba a ser un tema, todavía era la sexta o séptima preocupación. En ese momento el gran tema era la economía: si sigue el modelo de la convertibilidad, o no sigue el modelo. En cuanto a lo que después va a ser la inseguridad, lo que se empieza a ver es una ubicación del delito en determinados barrios, sobre todo en los barrios pobres. Por ejemplo, Fuerte Apache fue tomado como un síntoma. Y, básicamente, se describía a pobres amenazando a otros pobres. El delito aparecía radicado en las zonas más precarias. No se sentía una amenaza generalizada, pero sí ya empezaba a darse noticia de actos contrarios a los ciudadanos, formas nuevas del delito, vecinos atacando vecinos. Lo subrayo como una idea alejada de la imagen tradicional del delito, que es: “Los delincuentes de antes eran señores comparados con estos”. Ese es un lugar común que resultaba frecuente escuchar en boca de un comunicador como Mariano Grondona. Y también a partir de entonces aparecen las “olas”. “Ola de asaltos”; “Ola de ataques a ancianos”…

–¿Y es de esa época la recordada promesa del ex gobernador Ruckauf de que iba a “meter balas a los delincuentes”?

–Lo enuncia hacia el ’97, o ’98. Y en el ’99 aparece el discurso de la idea de guerra: “Estamos en guerra contra la delincuencia”. La polarización se puso en escena muy fuertemente.
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“Los delitos suben igual que la inequidad”

em>Elias Carranza, experto en prevencion del delito, analiza el fenomeno en el continente
“Los delitos suben igual que la inequidad”El especialista advirtió sobre la tendencia de privatizar cárceles o dejar la defensa pública en manos de abogados particulares. En la Argentina ya hay algún proyecto en ese sentido. “El delito es un fenómeno social y la sola Justicia penal no puede reducirlo”, explica.
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Elías Carranza, un argentino experto en prevención del delito que trabaja en la ONU, llamó a fortalecer el instituto de la defensa pública estatal, teniendo en cuenta que a las cárceles llegan “solamente, o casi solamente, personas de clase baja que han necesitado y necesitan” de los defensores oficiales porque no pueden contratar abogados privados. Para cuantificar el problema, Carranza resaltó que las estadísticas recientes de la Cepal indican que “las personas bajo el nivel de pobreza constituyen casi el 37 por ciento” de la población de América latina. En ese sentido, en un mensaje dirigido a los defensores públicos, recordó que los códigos penales de todos los países de la región “prevén el estado de necesidad como causa de justificación y establecen diversas causales de atenuación de la pena”. Por esa razón lamentó que “recorriendo la jurisprudencia y las cárceles de los países no se advierta que tales institutos legales se utilicen, mientras se verifica que el porcentaje de pobres en cárceles es casi del 100 por ciento” de la población carcelaria total.
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Carranza, director del Instituto Latinoamericano de las Naciones Unidas para la Prevención del Delito y Tratamiento de Delincuentes (Ilanud), se manifestó en contra de la tendencia, en algunos países como Estados Unidos o Inglaterra, de privatizar las cárceles o de dejar la defensa pública en manos de abogados particulares. Explicó que mientras en una cárcel pública se gasta “un dólar y medio por cada preso, en las privadas la cifra sube a 17 dólares. Lo que habría que hacer (desde el Estado) es partir la diferencia y, con la misma plata, dedicar 7 u 8 dólares por cada preso”. Página/12 entrevistó a Carranza en la Defensoría General de la Nación, donde ofreció una conferencia sobre temas de su especialidad.

–Hay menos defensores oficiales que fiscales o jueces. ¿En América latina es más fácil condenar que absolver a los imputados de bajos recursos?

–En los hechos, los defensores tienen una situación de ser numéricamente pocos y con pocos recursos materiales y técnicos, con lo cual, en algunos países, es casi peor que no tener defensor. Si no hay defensa, el juicio es nulo. Muchas veces, en los juicios, hay uno que persigue (el fiscal) y otro que no tiene capacidad de defensa o que patea en contra.

–¿Esto también ocurre en la Argentina?

–Tengo que aclarar que, en el caso de la defensa federal de la Nación Argentina no ocurre eso. O en todo caso, ocurre en mucha menor medida que en otros países de la región. Nosotros, en el Ilanud, creemos que las dos mejores defensas son la de Argentina, a nivel federal, y la de Costa Rica. Son dos defensas públicas que tienen un buen status profesional. Son buenas defensas que podrían ser tomadas como modelo por otros países de la región o dentro del mismo país, porque la realidad provincial es variada.

–Puede ser que Argentina esté mejor que otros países de la región, pero hay provincias en las que la estructura de la defensa es muy pobre.

–Yo creo que lo importante es que muchos de los defensores son profesionales con mucha vocación, porque de lo contrario no estarían haciendo lo que hacen. Una persona que tiene un número de 500 o 1000 defensas que atender es imposible que lo haga. Pero insisto en que ese no es el caso de la defensa federal de la Nación.

–Al problema de las deficiencias en la defensa le sigue el del hacinamiento en las cárceles.

–Es cierto, hay cosas que funcionan mal en la Justicia penal, no solo la defensa. Las cárceles están sobrehacinadas y con situaciones espantosas. Y también a nivel de la policía y de la judicatura hay graves problemas. Esto sirve para que surjan ideas disparatadas o que pueden tener éxito relativo en países que no son los nuestros.
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–¿Qué tipo de ideas?

–Una de ellas es la privatización de la defensa pública. Lo que llaman tercerización. Es el modelo norteamericano por el que se contratan privadamente las defensas. En lugar de fortalecer la defensa pública y lograr una defensa de calidad, se pretende que privatizando, lo mismo que en las cárceles, se va a resolver el problema. Así no se va a resolver el problema. Los países que lo están haciendo más bien lo están agravando.

–¿Por qué razón se agrava?

–Se agrava porque es muy caro. Es entre tres y diez veces más caro que una buena defensa pública. Pongo un ejemplo: si se contratan cinco defensas privadas o diez, un buen profesional puede tener un ingreso de cinco mil dólares mensuales. De la misma manera, con un ingreso de cinco mil dólares mensuales, en Argentina o en Costa Rica, un buen profesional atiende muchos más que cinco casos. Se contratan los bufettes privados y estos delegan en los estudiantes de la carrera o en los recién recibidos. Esto significa que hay una defensa de segunda o tercera calidad que es la que se contrata más caro y que es la del pueblo. Sigue leyendo

Clase del 26.3

El martes próximo vamos a comenzar a desarrollar con mayor profundidad las distintas “teorías” (ya anticipamos que en realidad no son teorías sino discursos legitimantes) de la pena.
Además, vamos a estudiar la discusión alrededor de las funciones del castigo estatal sostenida en la década del noventa entre los Profesores Carlos Nino y Eugenio Zaffaroni. Ese debate, originalmente publicado en la revista “No Hay Derecho”, fue hace unos años resumido en una fichas del INECIP, que todos debe leer.
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Pueden acceder a dicho material o leer el contenido de la discusión en el excelente blog de Alberto Bovino, Profesor de Derecho Penal y Procesal Penal de la UBA
Los alumnos De Falco, Farías y Salomón van a presentar la posición de Nino. Etchegaray, D´Andrea y Della Logia van a exponer las respuestas de Zaffaroni.
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Para el martes 1 de abril, Correa y Ventimiglia van a preparar un análisis de la película alemana “El Experimento” (“Das Experiment”, Alemania, 2000). Dirección: Oliver Hirschbiegel. Con Moritz Bleibtreu, Maren Eggert, Justus Von Dohnanyi, Edgar Selge. Guión: Mario Giordano, Christoph DanstŠdt y Don Bohlinger, sobre la novela “Caja negra”, de Mario Giordano.

El film es una versión libre del experimento de psicología social llevado a cabo en California en 1971. Un paper sobre la experiencia real de la Stanford Prison se puede leer aquí.

Finalmente, el 8 de abril, vamos a desarrollar la última actividad complementaria a las clases correspondiente a la Unidad 9. Lectura obligatoria para su discusión en clase: “El caso de los exploradores de cavernas”. Los alumnos Hernández, Fabrizio, Carretero y Fernández van a exponer, respectivamente, los votos de los Ministros Foster, Tatting, Keen y Handy
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