El fin de la silla eléctrica

Clarín, 10 de Febrero de 2008.Artículo enviado por:
Matías Daniel Ganguzza, alumno de tercer año de la carrera abogacía UNMDP.

EL METODO SE INVENTO HACE 120 AÑOS.

La silla eléctrica es un recuerdo: Estados Unidos no la usará más.
Lo resolvió la Corte de Nebraska, único estado que la seguía
utilizando. “Es un dinosaurio más apropiado para el laboratorio de Frankenstein que para una cámara de muerte”, dijeron los jueces. La pena capital sigue vigente.
En 1890, William Kemmler, un verdulero de origen alemán que vivía en Estados Unidos, apeló la decisión de un juez que lo había condenado a morir en la silla eléctrica. Había matado a su novia a hachazos y sabía que, según las leyes, le correspondía la pena de muerte. Pero la electrocución -neologismo acuñado en aquellos años, a partir de electricidad y ejecución- le parecía un método “cruel e inusual” y, por lo tanto, anticonstitucional.
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Ese mismo argumento sirvió, en 1972, para que la Corte Suprema aboliera la pena de muerte durante cuatro años. Pero no alcanzó para convencer a los jueces de 1890, fascinados por las maravillas del progreso tecnológico, y Kemmler fue la primera víctima de la silla eléctrica. Pasaron casi 120 años, hasta que ahora el Tribunal Supremo (la Corte) de Nebraska se dio cuenta de que, como decía aquel verdulero pionero, la silla eléctrica es un método “cruel e inusual”. Lo decidió este viernes, cuando la prohibió en el último lugar del mundo que la seguía utilizando: el estado de Nebraska, en los Estados Unidos.

"La electrocución infringe un dolor intenso y un sufrimiento agonizante. La silla eléctrica es un dinosaurio más apropiado para un laboratorio del barón Frankenstein que para una cámara de muerte", señaló el tribunal. Quizá los jueces recordaron la ejecución de Kemmler: una primera descarga sólo alcanzó para dejarlo inconsciente; la segunda, luego de que los médicos comprobaran que seguía vivo, lo mató y dejó la sala impregnada de un olor a carne quemada que impresionó a más de un testigo.

La resolución de los jueces de Nebraska no significa que la pena de muerte haya sido abolida, sólo que no se usará más la silla. La pena capital todavía rige en 36 de los 50 estados de Estados Unidos y goza de buena salud: dos tercios de los ciudadanos norteamericanos la apoyan.

La silla sólo podría volver a ser usada en los estados de Alabama, Florida, Carolina del Sur, Virginia, Kentucky y Tennessee, donde los condenados a muerte que quieran ser ejecutados en ella podrán solicitarlo como opción. La otra alternativa, la inyección letal, es ahora el único método vigente en el resto del país.

El gobernador de Nebraska, Dave Heineman, ya anunció que está indignado con la decisión de los jueces: va a pedirle a los legisladores de su estado que aprueben lo antes posible el uso de la inyección, porque se quedó sin método de ejecución.

Algunos organismos internacionales de derechos humanos aprovecharon la decisión judicial para insistir con la abolición de la pena de muerte. "La inyección letal no es un método tan humano como parece. Hay muchas evidencias de que los condenados tienen el riesgo de sufrir dolores muy agudos", señaló en un comunicado la organización Human Rights Watch.

Hasta ahora, la Corte Suprema de los Estados Unidos siempre ha aceptado las ejecuciones, salvo cuando los métodos fueran crueles. Por ese lado falló ahora el Tribunal de Nebraska: "El signo distintivo de una sociedad civilizada es que castigamos la crueldad, sin practicarla", indicó.

Desde que se reinstauró la pena de muerte en Estados Unidos, en 1976, se aplicó en 1.099 casos. En 154 se usó la electrocución como método. Uno de los últimos en sufrirla fue Allen Lee Davis, en Florida, en julio de 1999. La silla no anduvo bien ese día: el condenado tardó demasiado en morir, y terminó con la cabeza prendida fuego. Después de eso, la Justicia de este estado decidió que, al menos en su territorio, la silla eléctrica no era compatible con una sociedad civilizada.

A lo largo de su historia, la silla registró todo tipo de episodios de incivilización. En 1903, por ejemplo, una adaptación se usó para ejecutar a una elefanta. "Topsy" tenía 28 años, pesaba tres toneladas y era un tanto violenta: había matado a tres hombres.

Quien ideó el método de ejecución fue Thomas Edison (padre de la corriente continua), empeñado en demostrar la peligrosidad de la corriente alterna que impulsaba su rival, Westinghouse (ver "Más humana..."). "Topsy" fue colocada en una plataforma, rodeada con electrodos, y ejecutada ante 1.500 personas. El "show" fue registrado por Edison en una película a la que bautizó "Electrocutando a un elefante".

Quien acaba de salvarse de terminar como "Topsy" es el hispano Raymond Mata, que había sido condenado a muerte en Nebraska por asesinar, descuartizar y freír al hijo de tres años de su ex novia. Sin embargo, los jueces ya se encargaron de avisarle que sigue condenado a muerte.

"Más humana" que la horca.

En el origen de la silla eléctrica hay una disputa entre Thomas Edison y George Westinghouse por quedarse con la concesión del tendido eléctrico de las principales ciudades de Estados Unidos.

La historia se remonta a 1880. Edison quería demostrar que la corriente eléctrica alterna, cuyo uso promovía Westinghouse, era peligrosa. Edison aseguraba que la corriente continua de baja tensión que él había inventado era la única confiable para ser utilizada en el hogar.

Por ese motivo avaló los experimentos de Harold Brown, un ingeniero que había creado una silla sobre la que aplicaba la corriente alterna de Westinghouse. Así electrocutaba a gatos, perros y otros animales. Brown hizo experimentos públicos en las calles de varias ciudades y en el laboratorio de Edison.

Deslumbrado por estos espectáculos, y preocupado por encontrar un método de ejecución "más humano" que la horca, el gobernador de Nueva York firmó en 1888 el decreto que legalizaba la silla eléctrica como método de ejecución de criminales. Dos años después moría en la silla William Kemmler, la primera víctima del nuevo sistema.

Sólo crueldad.

Si la silla eléctrica es una forma de ejecución salvaje, inhumana, entonces la pregunta es: ¿hay una forma de provocar la muerte que sea incruenta, instantánea, sencilla, usual y digna? No. Los últimos estudios acerca de la muerte por inyección letal, que es el mecanismo preferido de los tribunales estadounidenses que aún mantienen la pena capital, revelan que la asfixia química provocada por los venenos inyectados no elimina la consciencia del condenado sobre la dolorosa llegada de la muerte.

La Corte de ese país acepta la pena de muerte a condición de que el procedimiento no sea degradante. Es una contradicción. ¿Hay dignidad en quitar la vida? No la hay cualquiera sea el método, como tampoco hay razón en matar más allá de la pura venganza, reacción primitiva e incivil. Por tanto, como dijo el jurista alemán Paul Bockelmann: "El principal argumento racional contra la pena de muerte es que ésta no tiene ningún argumento racional a su favor".
Fuente: Clarín, domingo 10 de febrero de 2008. Sección policial.
Artículo enviado por:
Matías Daniel Ganguzza, alumno de tercer año de la carrera abogacía UNMDP.

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